El cine comercial, se sumerge cada vez más en un juego predecible, en donde las historias no tienen profundidad y en el que las propuestas artísticas han quedado encerradas en una “caja de pandora”, como si de un mal para la humanidad se tratara; la forma de contar las tramas y el éxito de las mismas se sustentan básicamente en la fuerza de sus efectos visuales, utilizando escenografías, encuadres, juegos de imágenes, fotografía, lenguaje y musicalización, que de una u otra forma han caído en una serie de lugares comunes que parecen ya no caminar hacia ningún lado.
Así mismo, en él los sentimientos de los elementos y relaciones de la realidad, o la imaginación, se expresan tanto interna como externamente, entonces es en ese instante cuando lloramos, reímos, sufrimos y aplaudimos la cinta, expresando así lo que denominamos como emociones.
Ahora bien, ¿querrá decir esto que las emociones sólo se sienten en las películas comerciales?, entonces… ¿Existirá una manera de entender las emociones en el cine de buen contenido?
Bien, el buen cine muy sutilmente causa catarsis, (descarga emocional) que al estilo de las grandes obras Griegas, específicamente en relación a las de la tragedia producen estremecimiento, sin necesidad de que las imágenes y los hechos que se muestran en él sean exagerados para causar en el espectador un sube y baja de emociones.
Analógicamente diríamos que es como un buen perfume, suave, delicado, cuidadoso y agradable al olfato, presentado en pequeñas cantidades, pero que cuyo olor es duradero, igualmente las emociones se hacen presentes de una forma más profunda, que voluntaria o involuntariamente, con propósito o sin propósito, directa o subliminalmente, sumergen al público en una serie de interrogantes y liberación.
Así, basados en la poética de Aristóteles y entendiendo la tragedia como una expresión artística, que permite la formación y transformación del individuo, dejando ver el mundo en su estado abierto (Heidegger) y en donde predomina la estética en todas sus dimensiones, desde una actuación bien ejecutada hasta la utilización de un lenguaje armonioso acompañado de ritmo y canto, diríamos que la catarsis trata de redimir (o "purificar") al espectador de sus propias bajas pasiones, al verlas proyectadas en los personajes de la obra, puesto que al involucrarse en la trama, el público puede percibir e incluso sentir dichas pasiones junto con los personajes, pero sin ninguna prevención o temor a sufrir sus verdaderos efectos.
Por otro lado y en complemento a la definición de catarsis otorgada por Aristóteles, traigo a coalición la de los psicoanalistas Josef Breuer y Sigmund Freud, en donde nos expresan que cuando las emociones o recuerdos reprimidos salen a flote, genera un desbloqueo súbito de dicha emoción con impacto duradero, de esta forma, no es secreto que durante la visualización de un film, el espectador está expuesto a una serie de conmociones que conducen a cuestionamientos y sí, tal vez desbloqueos, pero no me atrevería a decir súbito si no por el contrario pasajeros, pues el cine arte pueda que ayude a transformar, eso sí, a través de valores y no mensajes, pero sin embargo los miedos, deseos y recuerdos reprimidos necesitan de otros métodos más contundentes para liberar esas emociones que inquietan al ser.
Entonces he aquí el problema ¿Qué catarsis puede generar la típica película de Hollywood en donde el “arte” es visto como aquellas escenas en las que sobresalen las persecuciones de autos, explosiones, deseos meramente carnales, sangre y horror?
Por el contrario cintas como Fresas Salvajes por ejemplo, -historia de un hombre de 78 años, que tras soñar su propia muerte, emprende un viaje interior que lo lleva a explorar todo lo que ha sido su vida- son obras que a través de sus escenografías, movimientos de cámara, fotografía, lenguajes y por supuesto trama nos conducen a indagar, y en este caso específico al cuestionamiento del por qué de nuestra existencia, haciéndonos a su vez comprender o generar emociones encontradas que dejan entrever, que todos los seres humanos, en forma individual, son los que crean el significado y la esencia de sus vidas, siendo éste el fundamento principal del existencialismo.
Así mismo, el expresionismo, corriente artística del siglo xx, es evidenciado con un manejo de sombras y contrastes bien ejecutados, una iluminación sublime acompañada por adecuados ángulos, objetos curiosos como un reloj sin manecillas que asemeja la detención del tiempo, un sinfín de movimientos de cámara y planos, en su mayoría cercanos, para lograr una búsqueda de la expresión de los sentimientos y las emociones del autor.
De esta forma nuevamente nos encontramos con las “emociones”, esta vez Jean-Paul Sartre, filósofo, escritor y dramaturgo francés, exponente del existencialismo, nos regala una joya más al que ha denominado “Bosquejo de una teoría de las emociones”, viéndolas como transformación y aprehensión del mundo, no como hecho aislado sino estudiándolas como fenómeno trascendental puro, lo cual implica encontrar una explicación al concepto de emoción en sí, sus causas y consecuencias.
Para aprehender el mundo se es necesaria la exploración del mismo,(no se puede apreciar una película sin ser vista) éste se aprehende a cada instante cuando se analiza y se interactúa, entonces en una cinta el sujeto también se emociona cuando a través de los actos vistos, logra comprender el planteamiento que el autor quiso expresar, sin embargo la lectura que se hace de una obra varía dependiendo de las perspectivas, ahora bien, si el individuo en su exploración del mundo fracasa o si el espectador no logra comprender y se siente vacío cuando en realidad ha visto algo interesante, surgen otros tipos de emociones como la irritación, ira o tristeza, que también forman parte del ser humano y que han sido analizados por Sartre como la adaptación irreflexivamente con el fin de tomar una posición distinta ante el mundo en una forma fácil o conveniente, es en ese instante cuando se escuchan frases como “que película más aburrida”, “no me gustó”, “prefiero el cine comercial”
Por otro lado para entender las emociones en el buen cine, me traslado a una película reciente titulada Vicky Cristina Barcelona, escrita y dirigida por Woody Allen, uno de los directores de la buena comedia, esa que va más allá de la simple gracia que pueden causar sus guiones, la que va más allá de lo profundo.
En ella se ve el equilibrio perfecto de cuatro emociones, (alegría, ira, tristeza, miedo) representada por cuatro personajes (Juan Antonio, María Elena, Cristina, Vicky) cada uno de ellos con una perspectiva diferente de lo que es el amor, pero que finalmente este logra evidenciarse como una integración de todas estas emociones y sus relaciones. Juan Antonio un hombre alegre un tanto bohemio encuentra en María Elena (ex esposa) su complemento perfecto, pero que debido a la ira de esta terminan por separarse a tal punto que uno casi mata al otro, a su vez Juan encuentra en Vicky una de las emociones más oscuras, el miedo, y por último logra complementarse con cristina la chica que ve el mundo de una manera diferente.
Así pues, y a manera de conclusión, las emociones en el buen cine son como un Martini en un paladar exquisito, se sienten, se viven, solo que como fue escrito anteriormente de una manera muy sutil y profunda, buscando ser equilibradas y respetando siempre el hecho de que todos tenemos nuestra forma de interpretar y vivir nuestros sentimientos y emociones.